martes, 4 de abril de 2017

Y así comenzó la cosa






No es fácil en estos tiempos ser princesa, sobre todo cuando uno ha nacido en un país donde no existe la monarquía, aunque tuvimos como presidenta una mujer que sueña con convertirse en reina, "Reina Batata"

 Si, soy una princesa, lo dice mi acta de nacimiento, pero aquí nadie hace caso a la nobleza. En esta época de modernismo y tecnología olvidan las cosas importantes, sobre todo el respeto y los buenos modales que han quedado en arrumbados algún baúl.

  Llegué a éste mundo de la forma antigua y creo que ahí fue donde se produjo el mal entendido, me trajo una cigüeña desde París. Imagínense, yo toda una aristócrata llegando colgada de un pañal, con el certificado que afirma mi estirpe y terminar en esta tierra plagada de plebeyos sin idea de lo que es el abolengo. Parece ser que el noble pajarraco equivocó el camino y me depositó en un lugar equivocado. Cuando me di cuenta no tenía por madre una Reina, ni por padre un Rey, aunque nada debo criticarle a él porque si fue un noble caballero. Pero de esa buena mujer que me crió, de ella tengo miles y miles de críticas para hacer, pero eso será para otro momento.

  Quizás no se haya el ave errado el sitio y la confundida sea yo, vaya uno a saber. Sólo sé que eso del linaje viene en la sangre y aquí me siento un tanto desorientada.

   No hay servidumbre, y tengo que hacer mis quehaceres domésticos, tengo que vestirme sola y hasta elegir esos trapos que debo ponerme por trajes. Mis manos están todas estropeadas y ni contarles de mis uñas. Lo peor de todo esto es que cada día me sale humo de la cabeza cuando tengo que ponerme a cocinar,¿a que creían que al menos tenía cocinero? Nada de nada. Fregar, limpiar, cocinar, vestirse, todo solita y sin ayuda.

  No se juega al criquet, ni hay carrozas para los bailes, tampoco hay bailes, ni siquiera un sombrerero loco que nos invite a tomar el té, al menos Alicia tenía eso. Ni mesa redonda, ni espada en la piedra, ni caballeros encantados en armaduras, ni justas de guerreros.

 Hay escasez de príncipes azules, y la mayoría son sólo sapos comunes. Tampoco brujas para pedir alguna que otra posión. Es todo un caos.

 ¿Y qué hace una princesa en un lugar así? Aburrirse como una ostia.

 Así estamos en esta situación y como soy optimista trato de hacer de la vida algo divertido a pesar de carecer de todo. Me divierto observando cómo es esta cruel realidad que me cayó como un balde de agua fría.

 Si me acompañan les contaré de cómo es vivir en este lugar.


Merlina