martes, 4 de junio de 2013

Danza la vida su mágico baile de tristeza






Danza la vida su mágico baile de tristeza, mostrando lo que nunca nadie es capaz de ver,
llora el alma el murmullo de lágrimas guardadas, apiñadas dentro del corazón.
Mudo silencio de miedos acumulados, que quisiera sacarlos de adentro y no se puede,
nunca buscó la soledad, pero ahí está ella, acompañando con reserva sus pasos.
Cuántas veces ha sentido esa horrible sensación de abatimiento?
Cuántos días no ha salido el sol y todo es gris y cada vez más gris hasta llegar al negro?
Inspira, es la única manera que sabe de darse cuenta que aún está allí, a pesar del dolor.
Dicen que lo que no te mata fuerza te da, pero cuántas veces habrá que morir para volverse eterno?
Será acaso que al dolor no se puede escapar.
Dicen que que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, mentiras, a veces se puede tropezar millones de veces.
La tristeza va oscureciendo la mente, el sentido común se va perdiendo, se vuelve imposible respirar y el desconsuelo te abraza cuando no hay brazos que lo hagan.
Mudo sigilo de humanos cercanos, todos de pronto pasan a ser desconocidos, y duele, cada momento duele un poco más, tanto que nada le puede poner un punto final.
Danza la vida su mágico baile de tristeza, mientras acompaña los muerto que no se han enteraron que ya lo hicieron.
Busca olvidar lo que se siente, pero aún el corazón sigue latiendo y calvario continúa siempre.
Recuerda las veces que la Parca bailó junto a los trenes, invitándola a saltar ahora que puedes,
susurra palabras de aliento, en eso que está prohibido por las religiones y la sociedad,
eso de quitarse la vida, hoy, no se puede...
Tal vez decida dejar de inspirar.
Danza la vida su mágico baile de tristeza, ese que bailaba hace tiempo y que no olvida,
ese que mostraba a todos y nadie contemplaba, porque la tildan de loca, de tonta, de boba,
y ella dolorida, inspira y no puede ya más.
Busca en los rostros caras conocidas, pero hoy son todos ajenos a su drama,
se alejan espantados, porque lo superficial es lo que manda.
Descubre que hace siglos que baila la misma danza, que a veces se detiene y puede apreciar
lo bello y hermosa que sabe la felicidad, pero dura tan poco que pronto lo olvida y vuelve a bailar.
Baila la vida su mágico baile de tristeza, esperando que la cuerda se termine,
deseando que llegue esa alegría que los ancianos le contaban,
pero pasan los días, los meses, los años y no puede dejar de bailar.
Sólo desea un abrazo cuando duele, un pañuelo cuando llora, una caricia cuando sufre, pero nada hay
Baila la vida su mágico baile de tristeza hasta que un día deje de bailar.

Arwen Mtes
04-06-2013

jueves, 21 de marzo de 2013

Los sapos nunca se transforman en príncipes




Yo besaría una rana aun si no existiera la promesa de que un príncipe encantado saliera de ahí. Amo las ranas. 
Cameron Diaz (actriz)


Buscando material para inspirarme en lo que quería escribir esta tarde terminé encontrando algo que no era lo que buscaba pero que me pareció muy interesante, si bien a esta altura del partido ya estoy totalmente convencida que si besás un sapo jamás se transformará en príncipe, esto que leí da por tierra toda esperanza de hacerlo realidad.
Primero descubrí que el cuento lo habían cambiado y no es como nosotros creíamos, una nueva desilusión para esta pobre princesa.
Parece ser que los hermanos Grimm jamás incluyeron en sus cuentos que el beso de la hija del rey, que transforma a la rana en un apuesto príncipe, no aparece en ninguna versión, ellos prefirieron o, en todo caso, respetaron lo que la tradición oral alemana de 1800 contaba: que la metamorfosis se había realizado de una manera menos romántica al quedar desparramada la rana contra la pared, tras ser arrojada por la angelical princesa (hay que reconocerle al príncipe que no era nada rencoroso, o tal vez sólo tenía mala memoria.
En la versión original, la rana exige pasar la noche en la habitación de la princesa y dormir en su cama. Al parecer, durante la época victoriana, conocida por un código moral poco flexible (no por nada existe la expresión "sexualidad victoriana"), el beso sustituyó esa escena. Como los moralistas de la época no vieron con buenos ojos que un macho, de la especie que fuera y compartiera las sábanas de la princesa, la transformación fue cambiada por un beso virginal dado en una situación "libre de riesgo", al lado del camino, en el jardín del palacio, cerca de un pozo, en cualquier lugar menos en los aposentos de la princesa. Y así es como nos llegó la narración a la mayoría de nosotros desde entonces. Pero ¿por qué tenía que romperse el hechizo con un beso? ¿No era mejor, y suficiente hacer puré a la pobre rana para desencadenar la transformación como en la versión original?
Zoólogos y médicos interesados en ranas y princesas -más en las primera que en las segundas- han llamado la atención sobre las características que podría explicar la presencia y popularidad que tienen en diferentes partes del mundo las historias que asocian a los batracios con milagrosas metamorfosis y otros mágicos atributos: varias especies de ranas y sapos producen compuestos altamente alucinógenos. Besar una minúscula ranita o un corpulento sapo y es posible no sólo que veas que se convierte en príncipe. Sin embargo, y por muy atractiva que parezca, no recomiendo a nadie esta práctica.
La piel de las especies venenosas de batracios contiene péptidos, unas moléculas que le sirven para defenderse de sus depredadores, que, en el caso de especies tan curiosas y a veces tan perniciosas como la humana interfieren en la interacción de las neuronas del cerebro y el neurotransmisor (es decir, el compuesto químico que permite la comunicación entre neuronas) llamado serotina. La serotina se relaciona con el estado de ánimo, la percepción sensorial, el control muscular y el comportamiento sexual; cuando su nivel se eleva produce una sensación de bienestar y relajación, claro no por eso nos vamos a pasar como Homero Simpson lamiendo ranas.
Así que como verán he descubierto que no sólo han embaucado a medio mundo con el cuento por culpa de la moral y las buenas costumbres, sino que es altamente riesgoso andar por la vida queriendo transformar sapos en príncipes porque es posible que mueras intoxicado o lo que es peor que al tranformarse, su alteza sea un total decerebrado que sólo piense en él y a vos si te he visto no me acuerdo y corra raudamente en busca de otras princesas, porque no siempre les alcance una sola.

Arwen


Bibliografía:

* Nota del diario La Nación: http://www.lanacion.com.ar/1556525-la-prehistoria-cientifica-de-los-cuentos-de-hadas
*El teorema del Patito Feo (Luis Javier Plata Rosas)



miércoles, 20 de marzo de 2013

Soy una princesa



  No es fácil en estos tiempos ser princesa, sobre todo cuando uno ha nacido en un país donde no existe la monarquía, aunque tengamos como presidenta una mujer que sueña con convertirse en reina, "Reina Batata"
 Si, soy una princesa, lo dice mi acta de nacimiento, pero aqui nadie hace caso a la nobleza. En esta época de modernismo y tecnología olvidan las cosas importantes, sobre todo el respeto y los buenos modales que han quedado en arrumbados algún baúl arrinconado.
  Nací de la forma antigua y creo que ahí fue donde se produjo el mal entendido, me trajo una cigüeña desde París, imagínense, yo toda una aristócrata llegando al mundo colgando de un pañal con el certificado que afirma mi estirpe y terminar en esta tierra plagada de plebeyos sin idea de lo que es el abolengo. Parece ser que el noble pajarraco equivocó el camino y me depositó en un lugar equivocado. Y cuando me di cuenta no tenía por madre una Reina, ni por padre un Rey, aunque nada debo criticarle a él porque si fue un noble caballero. Pero de esa buena mujer que me crió, de ella tengo miles y miles de críticas para hacerle, pero eso será en otro momento.
  Quizás no se haya equivocado el ave y la confundida sea yo, vaya uno a saber. Sólo sé que eso del linaje viene en la sangre y aquí yo me siento un tanto desorientada.
   No hay servidumbre, y tengo que ser responsable de hacer mis quehaceres domésticos, me tengo que vestir yo sola y lo que es peor hasta elegir esos trapos que debo ponerme por trajes. Mis manos están todas estropeadas y ni contarles de mis uñas. Lo peor de todo esto es que cada día me sale humo de la cabeza cada vez que tengo que ponerme a cocinar,¿a que creían que al menos tenía cocinero? Nada de nada. Fregar, limpiar, cocinar, vestirse, todo solita sin ayuda.
  No se juega al criquet, ni hay carrozas para los bailes, tampoco hay bailes, ni siquiera un sombrerero loco que nos invite a tomar el té, al menos Alicia tenía eso, acá ni hablar. Ni mesa redonda, ni espada en la piedra, ni caballeros en armaduras, ni justas de guerreros.
 Hay escases de príncipes azules, y la mayoría son sólo sapos comunes y silvestres.Ni brujas para pedir alguna que otra posión.
 ¿Y qué hace una princesa en un lugar así? Aburrirse como una ostia.
  Así estamos en este lugar y como soy optimista trato de hacer de la vida algo divertido a pesar de carecer de todo. Me divierto observando cómo es esta cruel realidad que me cayó como un balde de agua fría.
 Si me acompañan les contaré de cómo es vivir en este lugar.


Arwen